Agosto es el mes de los Rodríguez. Quizás la expresión puede sonar un poco de otro tiempo, pero lo cierto es que, llegados estos días estivales, muchos hombres deben quedarse en su lugar de residencia mientras su mujer marcha con los hijos a su lugar de veraneo. Y eso, que ha sucedido casi siempre (¿es necesario recordar las películas españolas que han hecho referencia a “los Rodríguez”?), sucede también ahora, y lo hace quizás con mayor asiduidad. Después de todo, en estos tiempos es muy habitual que tanto los maridos como las esposas trabajen y, por tanto, no siempre puedan combinar sus días de vacaciones para pasarlas juntos como seguramente (vamos a pensar que es así) desearan.

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Así, llegados estos días, el hombre que se ve convertido de repente en un Rodríguez, liberado de las obligaciones que siempre impone la familia, goza de horas libres que no sabe cómo llenar. Y un hombre que está acostumbrado a tener el horario repleto de actividades y que de golpe y porrazo se ve con esas horas libres a su disposición es, por naturaleza, un hombre que se aburre, un hombre que se inquieta, un hombre que empieza a padecer eso que algunos filósofos han llamado la angustia de la libertad. Y un hombre así, invariablemente, empieza a pensar más aún en eso en que los hombres suelen pensar con bastante frecuencia. Estamos hablando del sexo, claro. El hombre que, como se ha dicho siempre, “está de Rodríguez”, empieza a añorar desesperadamente el calor de un cuerpo femenino junto al suyo. Y ese hombre, con toda probabilidad, echa su imaginación a volar y se dice “¿por qué no?” Y ese hombre, entonces, inicia su búsqueda.

Esa búsqueda puede llevarle a perder horas y horas en la barra de una discoteca, de un pub, de un lugar al que puedan acudir mujeres que, como él, estén buscando una aventura. En ocasiones, esa búsqueda tiene éxito. En muchas ocasiones, también, esas búsquedas acaban por complicar la vida de ese hombre que solo buscaba “echar una canita al aire”, darse un pequeño placer, sentirse vivo. Y es que el riesgo del caer en la maraña de los sentimientos siempre está ahí. Me gustas, te gusto, nos gustamos, nos reímos, lo pasamos bien cuando estamos junto… ¿por qué no seguir con esto? Territorio pantanoso, sin duda.

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Nuestro consejo, para ese hombre que ha tenido que quedarse “de Rodríguez” y busca a una mujer que le haga compañía, es que su búsqueda se oriente alrededor de un concepto: escort. La escort o acompañante de lujo es la solución perfecta para las inquietudes del Rodríguez. Educada y discreta al tiempo que apasionada, la callgirl, esa diosa del placer, esa experta en las artes del amor, esa mujer que conoce a la perfección los mecanismos que intervienen en la excitación de un hombre, llenará las horas de ese Rodríguez que busca ocupar ese vacío que la marcha de la familia ha dejado en su agenda y las llenará con todo lo que un hombre puede esperar de una mujer: simpatía, dulzura, inteligencia, picardía, imaginación, sonrisas y, por supuesto, lujuria. Mucha lujuria. Tanta, que en ocasiones ese hombre perderá de vista algo que, sin embargo, debería tener siempre presente: que las escorts, más allá del siempre apetecible, irresistible y exclusivo catálogo de servicios eróticos, ofrecen un servicio de acompañamiento integral a sus clientes. ¿Qué mejor que salir de cena con una bella, sexy e inteligente mujer? ¿Qué mejor que ir con ella al cine o al teatro antes de disfrutar de una inolvidable velada erótica?

Las escorts, independientes o de agencia, con apartamento propio o sin él, teens o maduras, se convertirán para el Rodríguez en el camino más directo y seguro para llegar hasta un lugar fuera del tiempo en el que las fantasías más íntimas y lascivas se harán realidad y en el que todo sucederá como en un sueño.

La prostituta de lujo, esa mujer que domina todos los resortes del placer y que sabe leer en la mirada de los hombres lo que éstos desean, satisfará con creces todas las necesidades de ese hombre que esté de Rodríguez y que encontrará en ella, además de la complicidad y el entendimiento de las grandes amantes, la seguridad de las mujeres que, libres por naturaleza y dueñas completas de sí y de su voluntad, no interferirán en ningún momento en lo que hasta el instante mismo de la cita haya sido la vida de ese hombre que, así, confiado y seguro, se abandonará al éxtasis de un placer sin medida sin preocuparse de otra cosa que no sea gozar. Y el gozo único e incomparable que solo pueden proporcionar expertas del placer como son las escorts será finalmente lo que, en la cabeza de ese hombre, quedará asociado por siempre más a su tiempo de Rodríguez.

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Las páginas web para Rodríguez son Escorts Barcelona y Escorts Madrid en las dos ciudades más importantes de España. Luego, en ciudades más pequeñas se puede consultar Pasión, aunque en este caso no son propiamente escorts de lujo sino más bien prostitutas baratas, también mal llamadas «putas».